La dimensión espiritual
La pintura de CAZ surge de experiencias espirituales profundamente personales. Desde un sueño infantil con la Virgen María hasta vivencias cercanas a la muerte, la artista traduce lo trascendente en imagen.
La obra de Catalina Acosta Zamudio nace de sus encuentros con Dios. Desde niña, cuando soñó con la Virgen María, la artista encontró en la pintura un medio para dar forma a lo que el espíritu reconoce pero los ojos no siempre pueden ver. Sus ángeles, caballos alados y flores son las figuras a través de las cuales lo sagrado se hace visible en el lienzo.
Las experiencias cercanas a la muerte que la artista ha vivido transformaron su comprensión de la vida y la trascendencia. Esa transformación se materializa en cada obra: la pintura se convierte en un acto de fe, en una oración hecha imagen. La dimensión espiritual no es un tema entre otros en su trabajo; es el fundamento mismo de su práctica artística.
Cada obra es una oración hecha imagen, un acto de gratitud por la belleza que he tenido el privilegio de contemplar.

















































